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RECOMENDACIONES

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Los modelos pedagógicos y de formación de cada organización socia local fueron un trascendental pilar para concientizar a mujeres y hombres jóvenes sobre los elementos de reproducción y naturalización de la violencia contra las mujeres y niñas. Los resultados del proyecto en la transformación de imaginarios, que las/os jóvenes sintetizan con la expresión “Cambio de chip” no hubiesen sido posibles sin la puesta en marcha de los procesos pedagógicos de alta calidad y sentido. Comunitar con sus “Espirales de formación”, Convivamos con sus procesos de educación popular, animación territorial y multiplicación comunitaria, Funsarep y su apuesta por la “democracia de género”, Ambulua con sus diplomados Afrofemeninos y el CPC con sus escuelas de formación política y cultural lograron desarrollar caminos de construcción de aprendizajes significativos y la apropiación de contenidos, desde un cuestionamiento y crítica a estructuras de dominación y relaciones de poder que permitió a las participantes la resignificación sus discursos, la apropiación de nuevos, y la definición de prácticas y conductas para contrarrestar las violencias. Cada uno de los procesos formativos, que están contextualizados a las necesidades de sus territorios, que cuentan con materiales de trabajo, experiencias didácticas y guías metodológicas son una “caja de herramientas” de demostrado efecto como estratégia de prevención. Su potencia puede ser compartida con un variado conjunto de organizaciones, comunidades y de instituciones para  que sus contenidos sean replicados y amplificar así,  los efectos sobre los cambios de imaginarios.  

 

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La experiencia de implementación de un proyecto con un cubrimiento geográfico tan grande, con una apuesta de cobertura poblacional  amplia y exigente y con la participación de seis organizaciones con reconocido trabajo comunitario y territorial fue un desafío en la coordinación y el acompasamiento de las ejecuciones regionales, constituyéndose en un reto las dinámicas de articulación.  No obstante, al finalizar el proyecto cada región centralizó su apuesta en ejecutar sus compromisos, altamente atrasados por el periodo de pandemia, viéndose afectado el trabajo coordinado. Las sinergias políticas y metodológicas entre las organizaciones tienen un valor agregado significativo. Para dar continuidad a lo alcanzado por el proyecto, es importante la definición de acciones específicas de coordinación y articulación en el andamiaje técnico de la apuesta de implementación, es decir, integrar en el diseño del proyecto, a nivel programático y presupuestal, actividades específicas de coordinación, intercambio y creación conjunta de estrategias. 

 

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La ejecución del proyecto deja como una lección sobresaliente para las estrategias de prevención, el acompañamiento a las mujeres desde una perspectiva integral incluyendo decididamente lo psicosocial. Las acciones de autocuidado fueron valoradas como definitivas para los procesos de afrontamiento y prevención de violencias. Los espacios de escucha, de soporte sororo entre mujeres, los círculos femeninos, el acompañamiento psicológico incluso la conjugación con acompañamiento jurídico o de procesos de rutas de atención y acceso a la justicia requieren ser incorporados si o si a apuestas comunitarias para la prevención de violencias. Este es un componente fundamental en la apuesta de la transformación de la naturalización de las violencias contra las mujeres. 

 

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Los proyectos con importante énfasis en la formación, el acompañamiento y la sensibilización requieren de equipos humanos que lleven a cabo el amplio espectro de actividades y responsabilidades que eso implica. La naturaleza de esas actividades requiere un antes, un durante y un después de los procesos formativos y de acompañamiento, lo cual supone una carga alta de responsabilidades de estudio, creación,  diseño, sistematización, valoración y seguimiento a los procesos desatados y a las/os participantes convocadas/os. Este proyecto demostró, que no se trata únicamente de la realización de actividades formativas o la socialización de contenidos exclusivamente. Se dio un acompañamiento permanente no planeado por parte de los equipos de las organizaciones que fue soporte tácito al conjunto de actividades planeadas. Ese trabajo, muchas veces silencioso, debe ser reconocido, remunerado y valorado en los proyectos. 

 

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El componente de difusión y comunicación central en la apuesta del proyecto enfrentó interesantes discusiones y debates a lo largo de la ejecución. Reflexiones que generaron en ocasiones tensiones, pero que al final produjeron importantes aprendizajes. En resumen, la discusión sobre los accesos digitales de las/os participantes y los grupos destinatarios, el uso de canales de difusión y redes, el sentido urbano o rural de los mensajes y su asimilación y comprensión, los efectos de la incidencia, las brechas tecnológicas, la centralidad geográfica, la amplificación y difusión de los productos comunicativos, las posibilidades de medir la recepción de los mensajes, las directrices y orientaciones editoriales, las vocerías y participación de las/os jóvenes, la deconstrucción e incorporación de narrativas no heteronormadas entre otros muchos elementos de discusión, fueron un conjunto análisis que dieron un sello particular a la campaña. Las organizaciones lograron dar curso a muchos de esos debates y contradicciones de su apuesta, pero como lección se destaca que lo comunicativo es un elemento  que no tiene punto final, que es dúctil, movible y requiere de reflexiones y cuestionamientos permanentes. Habilitar espacios para esas reflexiones y dar curso a los debates es una necesidad permanente de las estrategias de difusión y comunicación. 

 

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Una recomendación importante es la definición de estrategias más concretas de relacionamiento institucional. La construcción de alianzas que se lograron evaluar parten, en la mayoría de los casos, de niveles de afinidad con la institucionalidad y organizaciones hermanas. Desde la línea base del proyecto se identificaron un conjunto de actores e instancias de incidencia que, por distintas razones, no fueron concretadas en una perspectiva robusta de relacionamiento. El trabajo de incidencia no es simplemente establecer contactos y acompañamientos, requiere de una filigrana de identificación de flujos de correlación de fuerzas, de entendimiento de demandas, de capacidad de agencia y exigibilidad a través del posicionamiento de mensajes, de identificación de metas a alcanzar y, por supuesto, un seguimiento permanente del avance de los acumulados. Las estrategias de prevención de la violencia contra las mujeres y niñas, requieren de un diseño preciso de planes de incidencia. La evaluación reconoce que cada una de las organizaciones tiene un nutrido y amplio ecosistema de incidencia y relacionamiento, que requiere ser puesto al servicio de un plan o una ruta de incidencia más definida y analizada. 

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La experiencia de trabajo del proyecto en las cinco regiones puso de manifiesto un elemento interesante: ¿la prevención a la violencia contra las mujeres y niñas, debe incluir estrategias con población masculina? Proyectos de esta naturaleza, ¿tienen  que incluir componentes formativos en masculinidades no violentas y no hegemónicas? Muchos de los procesos formativos incluyeron la participación de algunos hombres y niños, incluso en las entrevistas de recolección de información de la evaluación se contó con la participación de ellos, en donde se hizo tangible sus procesos de deconstrucción de los imaginarios no violentos. Es de gran utilidad poder reflexionar a profundidad sobre este componente en la estrategia de prevención, ubicar los posibles resultados en la apuesta por transformar los imaginarios que reproducen y legitiman la violencia contra las mujeres y niñas, en hombres y niños.



 

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Indagar sobre cómo los mensajes y contenidos de las acciones de difusión contribuye a la resignificación de imaginarios es y será una necesidad. Las mediciones realizadas por el equipo asesor de la campaña, tuvieron en cuenta las variables de alcance, followers, visitas a páginas y perfiles, no obstante, la especificidad del proyecto demandaba complementar el seguimiento incorporando elementos de análisis sobre los efectos de la comunicación y la transformación de imaginarios de los productos comunicativos y las redes sociales. Sin embargo, se constató que esta apuesta requiere más recursos y saberes que no estaban integrados en el proyecto. Para lograr determinar los alcances de una estrategia comunicacional para la transformación cultural de los imaginarios machistas que legitiman la VCMN es necesario incluir otro tipo de sistemas de seguimiento. Supone un reto extraordinario poder avanzar en esta materia.

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